jueves, 20 de noviembre de 2014

Sincronicidad y casualidad



En ocasiones en la vida nos ocurre algún suceso fuera de lo común que coincide en el tiempo y el espacio con otro suceso con el que aparentemente no tendría por que estar relacionado.



Estas extrañas coincidencias entre dos hechos son más comunes de lo que realmente pudiera parecer, todo es cuestión de estadística. Si en una población suficientemente amplia, tomamos una muestra también amplia la probabilidad es bastante grande. Como diría la ley del matemático John Littlewood: “Podemos dar con una coincidencia sorprendente o suceso extraordinario cada mes. El razonamiento de base es que cualquier cosa puede ocurrir con una muestra suficientemente grande.” Es decir la casualidad se convierte en una mera función de la probabilidad.

Sin embargo hay quien piensa en lo transcendente del asunto, y considera que las casualidades no están ahí por una amalgama de números y funciones estadísticas complejas, sino por un “boomerang kármico”, como si de una atracción hacia ciertas decisiones que tomamos en la vida se tratase y cuyas imprevisibles consecuencias van mas allá de lo previamente establecido por nuestra naturaleza o nuestro comportamiento.


Por ello cuando en la vida nos surge la probabilidad de elegir entre dos posibilidades distintas, debemos de tener en cuenta la causa-efecto de dicha elección. De este modo Jung describe la sincronicidad como: “Cuando dos incidentes se producen de forma sincronizada, aunque no parezca que exista una relación causa-efecto, puede haber una conexión significativa entre ellos”.

Por todo esto a mí solo me cabe hacerme una pregunta: ¿somos nosotros mismos los que provocamos dichas casualidades?

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